
Según estadísticas en Chile la cantidad de teléfonos celulares triplica la de habitantes, situación impensada hace 17 años atrás cuando a nuestro país comenzaron a llegar los primeros aparatos inalámbricos de este tipo. Con el pasar del tiempo este servicio se masificó en extremo, hoy más del 90% de los chilenos está ubicable las 24 horas del día a través de este elemento… pero muchos no responden todas las llamadas y millones evitan contestar la más importante de sus vidas.
A todos nos ha pasado que muchas veces no contestamos el celular al ver en la pantalla quien nos está tratando de ubicar, en ocasiones porque es el jefe que nos quiere pedir algo, o un amigo que nos necesita y obviamente las menos contestadas las que son para cobrarnos una deuda. Pero aunque tú no te hayas percatado hay una llamada a la que muchas personas en todo el mundo no contestan, me refiero a la llamada de Dios.
Posiblemente me dirás que Dios nunca te ha llamado, porque si así fuera no hubieras dudado un segundo en responderle ya que se trata de Dios mismo, además tienes tantas cosas que pedirle que no dejarías pasar la oportunidad de hablar con Él. Sin embargo, deja decirte que durante toda tu vida Dios te ha tratado de ubicar, necesita decirte algo urgente, es de vida o muerte, es una llamada que afectará para siempre tu existencia.
¿Sigues insistiendo en que no has recibido la llamada de Dios? Te cuento… Dios nos habla de diversas formas, a través de predicadores callejeros, programas cristianos en radio o televisión, tratados, internet, pero la principal forma de llamarnos es a través de su Palabra, la Santa Biblia, aquel libro que tienes en tu velador o en la repisa muchas veces olvidado y lleno de polvo. En sus páginas encontrarás la llamada de Dios a tu corazón, en el libro San Juan capítulo 3 verso 16 está la esencia del mensaje que te quiere entregar, dice “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Lo que Dios te quiere decir es que necesitas un salvador ya que tu vida va directo a la muerte eterna. Es difícil de entender pero te lo ejemplificaré de la siguiente manera: Piensa en que hay muchos niños que nacen infectados por el mortal virus del Sida, no están contagiados por que ellos hayan hecho algo que les provocara la enfermedad, sino que fueron sus padres los que se envenenaron con el VIH debido a sus malas decisiones, arrastrando con ello a sus hijos. Bueno, tú también estás infectado con un virus mortal que sólo tiene un antídoto, el virus es el pecado heredado de nuestros primeros padres (Adán y Eva) y que por todas las generaciones se fue traspasando llegando hasta nuestros días e infectando a todos nosotros.
La llamada de Dio es urgente, sino la contestas, cuando tu corazón deje de latir vas a ir a un lugar de tormento eterno llamado INFIERNO. El mensaje es claro, tú necesitas un Salvador, su nombre: Jesús, el Cristo. Sólo Él tiene el antídoto para la mortal enfermedad, lo importante es que lo aceptes en tu corazón, te preguntas ¿cómo puedo hacer eso? Es muy fácil, sólo tienes que decirle a Dios: “Señor por muchos años no he atendido tu llamada, escudándome en mis tareas diarias o en mi falta de tiempo, pero hoy reconozco mi necesidad de ti, ya no puedo más con mi vida, necesito que me aceptes como tu hijo y yo a ti te acepto como mi Salvador personal. Perdona mis pecados que me llevan al infierno y me apartan de ti. Hoy quiero que entres a mi vida y te quedes en ella para siempre, te lo pido en el nombre de Jesús, Amén”. Si leíste este párrafo deja que te felicite porque has tomado la mejor de las determinaciones, ya eres un Hijo de Dios, salvado de la muerte eterna.
Bendiciones para ti y tu familia.
Daniel Faúndez B.
Líder de Jóvenes
Periodista y comunicador Social
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